Una mujer entra en una tienda de comestibles y pide una docena de huevos.
—Son veinte kopecks —le dice el encargado.
—¡Veinte kopecks! ¡Pero si el lechero de enfrente los vende a quince kopecks la docena!
—Entonces cómprelos enfrente.
—Desgraciadamente no le quedan.
—Claro —dice el encargado—. Yo también los vendo a quince kopecks cuando no me quedan