Jesús no fue "un alma bella"
Hegel llama a Jesús "alma bella". Weber, "portador del amor acósmico" y ellos con otros autores le quitan así la vida.
En la cruz reclamándole a su Padre por el abandono del que era víctima en ese instante, él estaba entregando la vida. Hegel y Weber le quitan la pasión, un Cristo de alma bella o supracósmico no puede reclamar o llorar por su destino en Getsemaní.
A un alma bella no le importa que sus discípulos lo abandonen a Jesús sí, antes avisa con dolor la traición de Judas, triplica más tarde la pregunta a Pedro "¿Me amas?", una por cada una de las negaciones de Pedro, mientras él era apresado. Tres por tres, un alma bella no hace cuentas.
Aquella vez en el templo shopping de Anás y Caifás, Jesús no se mostró indiferente, afuera del mundo o del cosmos. Sacó su látigo (llevaba látigo), admitía la espada de Pedro. Pateo y golpeó las evidencias del negocio religioso.
Al guardia que lo abofeteó antes de apresarlo no le devolvió una lisonja del tipo "te perdono", sino una incisiva pregunta "¿Por qué me pegas?", expresión que jamás saldría de una boca inspirada por esos incómodos espiritualistas que alejan de uno todo deseo de ser espiritual.
Ni siquiera fue indiferente a la sensibilidad humana cuando -ya resucitado- llamó al incrédulo Tomás: "Mete tu mano en el costado", allí en la herida misma. Ni pasó desapercibido, una y otra torpeza de sus discípulos, su paciencia una día desbordó al punto que llamó "Satanás" a Pedro
Pero mas claro era su ebullición sanguínea cuando hablaba con los fariseos, los grandes religiosos guardadores de la ley y la Torá. Una y otra vez los llama "Hipócritas" (actores, impostores, asumen la fe como si fuera una comedia).
La crucifixión de Cristo representa la muerte del hombre Jesús, originario de Belén como otro gran hombre y ancestro suyo, el rey David. Criado en Nazareth, de donde según la opinión popular "no podía salir nada bueno". Opinión que Judas, Pilato, en algunos momentos sus propios apóstoles y, que decir de los saduceos, dueños de la sinagoga y de los fariseos dueños de la hipocresía compartían plenamente
Que no era bueno, lo aseguraban los zelotas, quizás Judas y Barrabás lo eran, quienes esperaban exterminar a cuchilladas a Roma, derribar a los jefes religiosos propios y Jesús les había respondido que la justicia no se obtiene con las armas sino viene a la vida añadida a la paz que él predicaba. Pero, desde el otro extremo, los habintantes de Qumram que creían malo hasta la higiene, no aceptaban por nada del mundo a un rabino que entra a la casa de Mateo, el estafador público, Zaqueo el corrupto inspector de Jericó, que habla en la vía pública con una mujer que echó de su cama a cinco hombres y tampoco el que duerme con ella es su marido. Eran muchos, casi todos los que coincidían que de Nazareth no puede salir nada bueno
"Alma bella", no. Alma perturbada, castigada, herida, ofendida, postergada y abandonada. "ciudadanía acósmcia", no. Ciudadano del villorio, caminante sin cueva donde recostar su cabeza, bravo hombre que pone el pecho para que lo apedreen a él antes que a una prostituta.
No, Jesús no es el bueno del alma bella y de la indiferencia divina. Es el hombre que murió por el hombre, el hombre que padeció como hombre, el hombre que sangró como hombre, el hombre que vino a redimir no a ángeles impolutos, sino a hombres pecadores: Tu y yo. Un alma bella, un ser intergaláctico es inalcanzable, el nazarenos está allí en tu vecindario.

