Partidos al medio

Una característica de la sociedad de consumo es el miedo latente. Son diversos los factores que lo producen: la ambición, la competencia, el riesgo de empobrecimiento y, el riesgo de no encontrarse a la altura de las circunstancias socales y económicas en las que está instalado. Otro dato aleatorio pero no menor es que, un ciudadano temeroso es potencialmente uno consumista, asunto que no está fuera de los planes de quienes le provocan aquél temor; se agrega a ello la desconfianza y la sensación “palpable” de inseguridad. Fácil es imaginar el apetecible recurso que es para avezados explotadores. Ergo, los Medios monopólicos son poderosos o avezados...
El miedo produce efectos devastadores en los órdenes psíquico, físico y biológico causando, entre otros males: alta presión arterial, depresión psíquica; cirrosis hepáticas. O, más riesgosos aún, infartos prematuros o crisis espirituales infinitas. Si nos preguntamos por las causas de semejantes situaciones, preferimos responder con Konrad Lorenz: El hombre está sometido a la acción de un impulso, y este impulso solo puede ser el miedo. Miedo que tiene, como cómplices necesarios a la prisa y al apremio, especies entrenadas en arrebatarnos una de nuestras cualidades fundamentales: la reflexión.
El hombre de hoy, zarandeado por la llamada angustia existencial está perdiendo la capacidad de intimidad, de visualización, de participación. No reconstruye lo que escucha, ve o lee. No confronta con ideas. No compara, no critica. Le cree a los zócalos de pantallas mentirosas y a los titulares sensacionalistas de toda laya. El miedo al medio no le permite apropiarse de la información, sino que el se vuelve su mercancía
Todo lo dicho, monopolios u oligopolios y, todos lo que contribuye al poder concentrado, lo saben muy bien. Saben que el miedo de un pueblo es la garantía de la permanencia de sus traseros en tronos déspotas y falaces.
